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15 nov 2021

La atención.

Este experimento de 1999, de Christopher Chabris y Daniel Simons, intentaba analizar las limitaciones de la percepción, así como la resistencia de las personas a aceptar que muchas veces son ciegas frente al mundo que las rodeaMira atentamente el siguiente vídeo y señala la cantidad de pases que el equipo de camisa blanca se hace entre sí. Debes permanecer atento y tomar en cuenta tanto los pases aéreos, como los pases que se dan por rebote. Haz la prueba y luego continúa con la lectura.

  

Cuando los participantes terminaron de mirar el video, se les formularon las siguientes preguntas: 

- “¿Notó algo inusual mientras contaba los pases?”.

- “¿Notó alguna otra cosa, además de los jugadores?”. 

-“¿Notó a alguien además de los jugadores?”. 

-“¿Notó un gorila?”.

11 nov 2016

La Percepción: las leyes de la Gestalt

En la unidad 2, dentro del tema de la percepción, aparecen las leyes de la Gestalt, que explican cómo organizamos nuestras sensaciones. 

Documental "Sensación y Percepción". Un antiguo documental del profesor Philip Zimbardo.

Sensacion y percepcion por raulespert

 Los límites de la percepción. Documental escrito y dirigido por Steve Nicholls y Alfred Vendl.

Cuestiones: -¿Qué estudió la Escuela de la Gestalt? - Pon algunos ejemplos de ilusiones perceptivas.

5 oct 2015

Experiencias extrasensoriales

El tablero parlanchín de las "ouijas". Por Jordi José y Manuel Moreno. El País, 9 de septiembre de 2004.

UNOS INDOLENTES JÓVENES londinenses, hastiados de droga y fiesta, deciden iniciar una sesión de ouija, ese sistema que, afirman, permite contactar con espíritus receptivos del mundo de ultratumba. Y ya se sabe, lo que comienza como un insustancial juego desencadena la materialización de un espíritu maligno, un tal Djinn, árabe para más señas, que ha respondido a la ingenua llamada con un aterrador: "Todos morirán". La amenaza integrista islámica de la mano de un ente maligno. ¿Es que los depravados espíritus autóctonos -¿debe de haberlos, no?- no estaban disponibles? Un explotado argumento del género de terror el del filme La ouija, el juego de los espíritus (2002) del novel Marcus Adams: adolescentes acosados por un asesino en serie, en este caso de ascendencia demoniaca, empecinado en matarlos a todos. Pese a su modernidad, el filme recurre a todos los tópicos de un subgénero: un muestrario de técnicas de exterminio. Al margen de las escenas truculentas, las persecuciones típicas y un final con sorpresa (previsible) que demuestra, por si no lo sabíamos, que el mal nunca muere, parece que poca originalidad puede embutirse en un tema tan manido. Los espectadores actuales están demasiado curtidos para que se vean sorprendidos con propuestas de este tipo. Y es que el personal, encandilado por las prestaciones de los teléfonos móviles, ya no está para esos métodos arcaicos de comunicación. ¿No sería más simple que la nueva generación de móviles dispusiera de un botoncito para el contacto directo con el más allá? Eso sí, pensando en términos económicos, el método de la ouija no tiene rival. Por una módica cantidad se compra uno el kit completo en una juguetería especializada (si se vende en un lugar así ya nos dirán qué elemento oculto puede contener tamaño artilugio). O, bien, y mucho más barato, se lo fabrica uno mismo: basta recortar cuadrados de papel donde se escriben las letras del abecedario, los números del 0 al 9 y un sí y un no; disponerlos correlativamente en abanico sobre una mesa; agenciarse un vaso, que será el puntero, y reunir a algunos amigos. Si hay algún incrédulo en el grupo, mejor abstenerse, puesto que aparecerá el sospechoso efecto inhibidor de los fenómenos paranormales, propio de estos casos, y el espíritu no se manifestará. Situados alrededor de la mesa con el dedo índice (de la mano derecha, recomiendan) extendido sobre el vaso sin ejercer presión, los participantes se concentrarán mientras el oficiante realizará la conocida invocación: "¿Espíritu, estás ahí? Si es así, diríjete hacia el SÍ". Y nada, a esperar a que el puntero se mueva. Una cómoda y barata manera de pasar el rato. La ouija arrastra una aureola de misterio avalada por una siempre difusa multitud de gente que sostiene haber logrado el objetivo del juego: conectar con algo que responde a las preguntas planteadas por los participantes mediante los desplazamientos consecutivos del puntero. Los escépticos opinan que no son fuerzas sobrenaturales las que actúan sino los propios participantes quienes mueven de forma consciente o inconsciente el puntero. Avala esta explicación racional el hecho de que si el juego se realiza con los ojos vendados, las palabras formadas son un galimatías. En realidad, los desplazamientos del puntero se deben a movimientos involuntarios efectuados por los propios usuarios y que suelen pasar inadvertidos. Se conoce como efecto ideomotor y es el mismo que explica las oscilaciones de las varillas de madera en forma de Y o de los péndulos empleados por los radiestesistas para detectar agua u objetos bajo tierra. Método éste, dicho sea de paso, cuyo éxito se basa, única y exclusivamente, en la credulidad del que contrata los servicios, pues la probabilidad de acierto es inferior al azar. Algo puramente psicológico interpretado como efecto paranormal. Se ha llegado a desaconsejar el uso frívolo de la ouija ante la aparición de casos de trastornos mentales. Pensamientos ocultos, miedos irracionales, etcétera pueden emerger en las sesiones e influir, negativamente, en personas sugestionables. Según Bob Carroll (skepdic.com), psicológicamente resulta más tolerable que ciertos pensamientos escabrosos que afloran en una sesión de ouija sean de un espíritu diabólico que admitir que pertenecen a alguno de los presentes. Advertidos quedan.
Cuestiones:
- ¿Qué explicaciones dan estos autores sobre los fenómenos que experimentan los que practican la ouija?
 - Consulta el Diccionario del Escéptico de Bob Carroll y resume la explicación crítica de alguna de las extrañas creencias que en él se enumeran.

28 sept 2014

Percepción y Sensación

Estas son algunas de las cuestiones que podemos tratar en el tema de la percepción:
- Los sentidos son nuestras ventanas hacia la realidad. Pero, ¿nos representan la realidad tal y como es? "Las diferencias sensoriales implican diferencias conceptuales":
Aquellos que acaban de recuperar la vista, y que anteriormente han dependido de otros sentidos distintos de la visión, se quedan desconcertados por el mismísimo concepto de "apariencia", que, al ser óptico, no posee analogía alguna con los demás sentidos. Los que hemos nacido en un mundo de apariencias (y sus esporádicas ilusiones, espejismos, engaños) hemos aprendido a dominarlo, a sentirnos cómodos y seguros en él, pero resulta increíblemente difícil para alguien que acaba de recuperar la vista.

                                                    Oliver Sacks, Un antropólogo en Marte.

  Contemplar un atardecer en otoño y deleitarse con los rojizos y anaranjados que tiñen el cielo; el olor a café y tostadas de la mañana; el sonido de las gotas de lluvia al repiquetear en la ventana; el tacto de las sábanas limpias recién cambiadas. ¿Y si nada de esto existiera? ¿Y si las hojas de los árboles no fueran verdes, ni el azúcar dulce, ni de las rosas emanara fragancia alguna? ¿Y si viviéramos en un mundo silencioso, incoloro, insaboro e inodoro y todo aquello que creemos ver, oler, saborear, tocar, oír fuera una invención de nuestro cerebro?
    Los seres humanos siempre hemos considerado los sentidos una puerta de acceso al mundo exterior, a través de los cuales explorábamos nuestro entorno y obteníamos información sobre él, básica para poder velar por nuestra supervivencia. Aristóteles clasificó esos rádares naturales del organismo en cinco: vista, oído, gusto, tacto y olfato. Y a esos, hemos ido añadiendo, recientemente, otros como el sentido del equilibrio, la temperatura, el dolor, la posición corporal y el movimiento.
No obstante, nuestros sentidos, como ya sospechaba Descartes –quien afirmaba que no podíamos fiarnos de ellos para conocer el mundo– no son simples captadores de la realidad: transforman los fotones en imágenes, las vibraciones, en sonido y las reacciones químicas en olores y sabores. Tampoco las percepciones que recrea el cerebro a partir de esos estímulos identifican el mundo exterior tal y como es. De hecho, aquello que nos rodea y la imagen mental que tenemos no tienen mucho que ver.

“¿Y qué nos importa si la realidad difiere de lo que construimos mentalmente?”, pregunta desafiante el psicobiólogo Ignacio Morgado, quien acaba de publicar Cómo percibimos el mundo (Ariel). “Para cada uno de nosotros, lo más importante es lo que percibe nuestro cerebro, lo que sentimos, lo que captamos de eso que llamamos realidad, que no es otra cosa que un concepto filosófico; el medio en que vivimos es pura materia y energía."

“El conocimiento que tenemos del mundo depende del cerebro, que filtra la información que recibe, la procesa y la hace consciente, a su modo”, explica Morgado. Experimentamos ondas electromagnéticas pero no como tales, sino como imágenes y colores. Experimentamos compuestos químicos disueltos en agua o en el aire, pero como gustos y olores. Y todo eso, los colores, los sabores, los olores, con productos de nuestra mente construidos a partir de experiencias sensoriales. “Si un árbol se derrumbara en medio del bosque, no existiría un sonido. La caída del árbol crearía vibraciones. Sólo si esas vibraciones son percibidas por un ser humano ocurriría el sonido –apunta este psicobiólogo–. La mente humana tiene mucho de virtual por el modo en que transforma la realidad. La complejidad o la belleza que apreciamos en las cosas tienen que ver con la mente misma y sus posibilidades, y también con sus limitaciones”. Es la manera como el cerebro hace que percibamos las diferentes formas de energía que circundan nuestro entorno. Fuera de nosotros, no hay luz, sólo energía electromagnética; ni tampoco olores, sólo partículas volátiles.

¿Las mismas percepciones? Los humanos compartimos la mayoría de percepciones, porque muchas de ellas son innatas. Es más, tenemos el mismo sistema fisiológico, que nos permite captar estímulos del ambiente y procesarlos. Si olemos a quemado, seguramente nos pondremos en alerta; igual que si a media noche nos despertamos por el ruido de cristales rotos, nos sobresaltaremos. Pero que percibamos las mismas sensaciones, no quiere decir que lo hagamos del mismo modo. Excepto las personas con algún problema visual, todos coincidimos en que los plátanos o los limones son de color amarillo; ahora bien, si todos vemos el mismo amarillo es imposible de saber, porque para comprobarlo deberíamos meternos en la piel y en la mente de los otros. Y eso es imposible. Pero bueno, que diferentes personas tengan diferentes cualidades perceptivas ante los mismos estímulos, tanto dan. Lo importante es que coincidamos y podamos comunicarnos. De alguna manera, todos vivimos en un mundo imaginario, que creamos cada día, y los realmente asombroso y fascinante es que podamos compartirlo con otros.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20120629/54316673688/las-percepciones-sensoriales.html

- Sobre cómo estimulan nuestros sentidos para el consumo: Cada día recibimos miles de estímulos publicitarios y tomamos decisiones de compra pero... ¿Somos libres al tomar esa decisión? ¿Nos guía la razón al inclinarnos por un determinado producto? ¿Qué hacen marcas y tiendas para atraernos? El documental Consumo: el imperio de los sentidos, producido por TVE, trata de dar respuestas a algunas de estas preguntas, y nos muestra cómo se diseñan las estrategias de marca y empresa y cuál es el impacto que tienen en el consumidor.

 - Sobre las ilusiones perceptivas. En determinadas circunstancias, nuestro cerebro no tiene suficiente información o está influido pro el contexto y la reconstrucción que hace del mundo que nos rodea, a partir de las sensaciones, es ambigua o defectuosa. Aparecen entonces las ilusiones ópticas: https://verne.elpais.com/verne/2016/01/27/articulo/1453897011_477533.html

La filosofía: "jugar en serio"

 Platón considera la actividad filosófica como "jugar en serio": tomar en serio cuestiones que generalmente ignoramos (o que consi...