"Materiales de Filosofía" es un blog para la consulta o el debate. Destinado en principio al alumnado de 1ª de Bachillerato, aunque abierto a cualquier interesado en la temática filosófica. Este blog no tiene fin lucrativo, sino educativo. Ninguna sección incluye publicidad ni posee carácter comercial. En los materiales que no sean de elaboración propia aparecerá citada la fuente de procedencia. Los materiales propios pueden utilizarse libremente citando su procedencia.
"En el siguiente documental, el antropólogo estadounidense David Graeber analiza
más de cerca los trabajos de mierda, por qué existen y qué hacen con
nosotros.
Más del veinte por ciento de los trabajadores de Occidente tienen la
idea de que lo que hacen no tiene ningún sentido... ¿Por qué no dejamos
esos trabajos de mierda?
Incluso hay personas que saben con certeza que su trabajo no está
contribuyendo. A veces, su trabajo va en contra de todos sus principios.
Es un trabajo que si no se hiciera nadie se lo perdería. El mundo sería
aún mejor si no se hiciera el trabajo.
El fenómeno del “trabajo de mierda” fue puesto en el mapa por el
antropólogo estadounidense David Graeber... Según Graeber, la cultura
empresarial actual es un nuevo sistema feudal, dentro del cual los altos
directivos construyen sus reinos bajo la bandera de la eficiencia. Los
bloques de construcción son departamentos inútiles donde la gente se
pierde".
Frente a las noticias televisivas sobre "el problema de la ocupación" (alimentada por bulos y falsas noticias en ocasiones) -que hace crecer el negocio de alarmas en los hogares españoles, y publicita la polémica actuación de empresas de "desokupación"- existe otra contrainformación, otra perspectiva del problema de la vivienda que pone el acento en los desahucios, y la necesidad de que "no haya gente sin casas, ni casas sin gente".
Un ejemplo de esta contrainformación es el siguiente documental, Precaristas (2018), que trata sobre la lucha por el acceso a la vivienda que están llevando acabo las vecinas del Sindicato de Inquilinas de Gran Canaria. Su objetivo es presentar algunos de los proyectos de vivienda autogestionados que existen en la isla como La Comunidad Esperanza, El Refugio y La Ilusión, entre otros. Proyectos organizados y habitados por personas pobres y en riesgo de exclusión social; familias golpeadas por la "crisis", paradas de larga duración, migrantes sin papeles, madres con menores a cargo que han sido víctimas de violencia machista y así un largo rango de perfiles sociales que ilustran la composición de la miseria canaria. Las más vulneradas y olvidadas por la administración, las expulsadas del sistema, que sólo cuentan con sus manos y con el apoyo de la Federación de Anarquistas Gran Canaria.
Un ejemplo de la manipulación informativa que contribuye a crear "alarma social" en torno a la ocupación de viviendas de particulares es el bulo ampliamente difundido en algunos medios de comunicación y en las redes sociales en torno a la anciana que encontró ocupado su piso tras volver del hospital. Para saber más: https://elpais.com/espana/madrid/2021-09-03/asi-se-fabrica-una-mentira-el-bulo-de-la-cuidadora-okupa-inventado-para-acosar-a-una-inquilina-inmigrante.html
Ana de Miguel, Ética para Celia. Contra la doble verdad, Penguin, Barcelona, 2021.
El
subtítulo de este libro destaca quizás su intención principal, la de
denunciar la doble verdad, que tanto en la ética, como en la filosofía
en general, "ha instaurado y legitimado un sentido de la vida distinto, a
menudo opuesto, para los hombres y para las mujeres, unas normas de lo
valioso y lo bueno para las chicas, y otras para los chicos". Esta doble
verdad, como señala la filósofa Ana de Miguel, "corrompe desde los
cimientos un comportamiento que podemos llamar, en verdad, "moral",
animado por la universalidad".
Las
mujeres nunca habrían sido, en este sentido, sujetos morales, pues el
sentido de la vida en ellas no sería electivo, sino que "viene dado de
serie": "el mandato de cuidar y ser el sostén del proyecto de los que os
rodean".
La
autora hace un repaso a través de la historia de la filosofía a la
construcción de esa doble verdad. Desde la mitología griega a la
filosofía y el pensamiento científico contemporáneo. Denuncia el
androcentrismo dominante en todo este recorrido histórico, así como a
los que lo justifican con el argumento de que "en aquella época era
imposible pensar de otro modo". Como señala Ana de Miguel, "la filosofía
es justamente pensar de otro modo, interrogar la realidad,
moverlo todo". Y esto último es precisamente lo que lleva haciendo el
feminismo mucho tiempo, "moverlo todo", a pesar de las dificultades
todavía existentes para muchas mujeres para compaginar la esfera privada
y la pública, para alcanzar "las condiciones de la vida buena". Para
ello, Ana de Miguel defiende priorizar la búsqueda de sentido frente a
la búsqueda de felicidad, criticando los actuales discursos sobre la happycracia
y el pensamiento positivo:
"La vida no es solo cuestión de actitud...
Es cuestión de una estructura social injusta y hay que organizarse para
cambiarla... El relato de una vida con sentido ha sido sustituido por el
falaz discurso del persigue tus sueños y el be happy".
Y
para la búsqueda de ese sentido, propone preocuparse por las condiciones
objetivas que permitan tener una vida buena, "por la autonomía y el
trabajo, por el reconocimiento y las relaciones, por la
interdependencia". Estas cuestiones se van desarrollando en los siguientes
capítulos del libro, en los que se denuncia la degradación que sufren
estas condiciones objetivas -especialmente entre las jóvenes- en el
neoliberalismo actual; y para ello se detiene en espacios como la familia, la
amistad o el amor de pareja (con sus luces y sus sombras). Especial
atención dedica a la sexualidad, a la que, denuncia la autora, algunos
intentan situar fuera del debate moral, como si en ella no tuviera lugar
relaciones de dominación y una doble moral sexual, según el género. En
esa estrategia de la doble verdad, Ana de Miguel analiza el papel de la
pornografía, la prostitución y las violaciones, que suponen la
destrucción moral del "ponte en su lugar", y en las cuales se aniquila
el papel del sexo como reconocimiento; un reconocimiento que pasa por el respeto al cuerpo
de otro ser humano, por establecimiento de "límites al poder de algunos
a acceder al cuerpo de otros".
Frente a esa doble verdad, la autora rechaza estrategias actuales como el fomento de la resiliencia (capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos),
y propone recuperar el carácter:
"No puede ser lo mismo encajar un
golpe del destino que encajar una injusticia en el trabajo asalariado.
El golpe se encaja y la injusticia se denuncia... No se combate con
pensamientos positivos".
Por ello, Ana de Miguel defiende en el Epílogo
del libro el papel de la política como "instrumento para combatir las
estructuras que permiten poner fin a la doble verdad", a esa guerra
contra las mujeres, "la más larga de la historia".
"(...)No podemos sustituir la transmisión del deseo, del deseo de saber, por una educación emocional que considera la expansión narcisista de uno mismo -de acuerdo a la nueva razón neoliberal- como la única forma de verdad. Por el contrario, de lo que se trata es de promover el descentramiento del propio Yo para abrirse a otros mundos y abrazar el encuentro con la cultura y el conocimiento, más allá del cultivo engañoso de la autoestima y de la ilusión neoliberal de hacerse uno mismo mediante la aplicación de técnicas de gestión emocional".
Jordi Solé y Segundo Moyano, en su artículo titulado "La colonización Psi del discurso educativo" (Foro de Educación, nº 23, 2017, 101-120), analizan de forma crítica el peso que tiene hoy el discurso psicológico en el mundo educativo: desde el uso abusivo del diagnóstico en salud mental en el marco escolar, a los efectos de la expansión de las neurociencias en el conocimiento pedagógico, o el desarrollo de la psicología emocional en la construcción de "subjetividades emprendedoras". En este sentido, advierten que "cuando los aprendizajes ya no se vinculan con la cultura sino con el comportamiento, es decir, cuando la educación ha renunciado a la transmisión cultural, solo queda la praxis del examen de conciencia". Últimamente, señalan, "la educación está ocupada en hacer que los sujetos internalicen cierta mirada psicológica sobre sí mismos", mediante la aplicación de algunas técnicas psi que ayuden a "gestionar las emociones", una mezcla de Psicología positiva y herramientas básicas de autoayuda que han encontrado en la neurociencia el aval necesario...". La empresa se ha convertido en un modelo general a imitar, y este discurso define una nueva ética, la ética del emprendedor.
"Técnicas como el coaching empresarial, el training, la programación neurolingüística (PNL), el análisis transaccional (AT), el mindfulness y otros procedimientos de management personal..., se utilizan como "prácticas de gubernamentalidad" a la hora de entrenar a los sujetos en "el dominio de sí mismos... El hecho de que estos programas se presenten con valores que favorecen el bienestar y el desarrollo personal y las inteligencias múltiples (¿quién se atreve a criticarlos?), son acogidos con mucho entusiasmo, sobre todo entre los profesionales más voluntariosos y comprometidos con el cambio educativo".
Pero, como indican los autores de este artículo, quizás estemos "reemplazando la responsabilidad pedagógica por la de ofrecer cuidados terapéuticos" (cuidados que no pretenden transformar el entorno social sino promover una especie de ascesis emocional o un enfoque de salud mental, que puedan modificar los comportamientos que no se consideren "normalizados" en el modelo de escuela neoliberal).
"Recientemente una nueva psicología de las emociones mucho más elemental que el psicoanálisis, convertida en una especie de espejo de feria, una corriente de la psicología genuinamente norteamericana, amenaza con servir de cobertura al despliegue del capitalismo neoliberal: la psicología positiva. En un libro titulado Sonríe o muere se ponen bien de manifiesto las falacias de las nuevas tecnologías del yo promocionadas por los gurús de la inteligencia emocional (B. Ehrenreich, 2011).
En el año 2007 más de doscientos centros universitarios y de postgrado en EE. UU. ofrecían cursos de psicología positiva. El psicólogo científico pasaba a ser un pastor de las emociones, un gestor del control mental, un entrenador capaz de reconducir a los sujetos a la maximización de su yo, como si se tratase de retornar al narcisismo más primario. ¡Todo está en la mente! ¡Lo importante no es lo que acontece, sino cómo tú lo vives! Tanto los viejos códigos religiosos fraguados en moldes calvinistas, como las predicaciones que tienen lugar en las nuevas megaiglesias, como los pretendidos estudios científicos integrados en el paradigma de la inteligencia emocional o de la psicología positiva apelan a la centralidad del mundo interior, a la necesidad de explorar los abismos del yo para poder entender las claves del universo. En el interior de los cantos de sirena de todas estas ensoñaciones individualistas, narcisistas, se encuentra una negación radical de las relaciones sociales y de las relaciones de poder. La pobreza, la violencia institucional, la explotación laboral, el paro, el trabajo precario, la dominación masculina se desdibujan en nombre de una especie de omnipotencia del yo que convierte en obsoletas las alternativas sociopolíticas. Cada uno tiene lo que se merece. El psicologismo radical es funcional al capitalismo neoliberal. Sin embardo esta sustitución del mundo social por el imperio de las emociones niega las evidencias, niega que no existe el yo al margen del nosotros, ni el nosotros al margen de una moral social sobre la que se basa la lucha por la justicia".
Fdo. Álvarez Uría, Sociología y literatura, Morata, 2020, p. 234-235.
Ya publicamos una entrada sobre el pensamiento positivo, que la socióloga norteamericana Bárbara Ehrenreich criticaba en su libro "Sonríe o muere". A continuación os dejo una interesante comentario de la obra por Claudio Álvarez Terán:
En un artículo titulado "La herida de los hombres enfadados", la investigadora Beatriz Gimeno señala "las identidades masculinas heridas por inseguridades vitales profundas y
por la pérdida de sentido que han generado en todo el mundo las
políticas neoliberales y cuyo resultado es una reacción misógina global". En la actual situación de crisis, Gimeno recuerda que "la llamamos crisis, pero sólo si afecta
mayoritariamente a los hombres porque, en realidad, esta es la situación
en la que siempre estamos las mujeres, y entonces no la llamamos crisis
sino que nos parece lo normal". En cambio, los hombres están viéndose también afectados por una crisis neoliberal que ha extendido la precariedad, y que pone en juego su identidad masculina tradicional en gran parte vinculada a un puesto de trabajo seguro y un salario suficiente para mantener a una familia:
"(...) La quiebra del rol de proveedor familiar
es una herida que muchos hombres no saben cerrar. Además, las mujeres
exigen derechos y estos empujan privilegios masculinos que muchos
hombres no viven como tales, sino como parte del orden natural del
mundo. Las heridas en las masculinidades tradicionales hacen nacer a
esos “hombres enfadados” de los que habla Kimmel, heridos, desarraigados
y que sienten que el mundo se abre bajo sus pies.
Para cerrar estas heridas aparecen los discursos neofascistas o
trumpistas ofreciendo una narrativa que incide en que, efectivamente,
las mujeres están robando a los hombres su masculinidad y, así, aunque
el poder sigue siendo masculino, se difunde un relato victimista en el
cual los hombres desposeídos pueden expresar lo que sienten como una
amenaza a su masculinidad. Discursos que les permiten, como parte del
objetivo de restitución del orden, expresar odio a las mujeres, a las
que culpan".
El escritor norteamericano Charles Bukowski envió esta carta a John Martin, publicista de Black Sparrow Press que en 1969 le hizo una proposición extraordinaria: le pagaría 100 dólares mensuales para que Bukowski renunciara a su trabajo y se dedicara únicamente a escribir. Dos años después entregó a Black Sparrow Press su primera novela: Cartero.
Fuente: Don Garfialo.
Trascripción:
Hola, John:
Gracias por la carta. A veces no duele tanto recordar de dónde venimos. Y tú conoces los lugares de donde yo vengo. Incluso las personas que intentan escribir o hacer películas al respecto, no lo entienden bien. Lo llaman “De 9 a 5”. Sólo que nunca es de 9 a 5. En esos lugares no hay hora de comida y, de hecho, si quieres conservar tu trabajo, no sales a comer. Y está el tiempo extra, pero el tiempo extra nunca se registra correctamente en los libros, y si te quejas de eso hay otro zoquete dispuesto a tomar tu lugar.
Ya conoces mi viejo dicho: “La esclavitud nunca fue abolida, sólo se amplió para incluir todos los colores”.
Lo que duele es la pérdida constante de humanidad en aquellos que pelean para mantener trabajos que no quieren pero temen una alternativa peor. Pasa, simplemente, que las personas se vacían. Son cuerpos con mentes temerosas y obedientes. El color abandona sus ojos. La voz se afea. Y el cuerpo. El cabello. Las uñas. Los zapatos. Todo.
Cuando era joven no podía creer que la gente diera su vida a cambio de esas condiciones. Ahora que soy viejo sigo sin creerlo. ¿Por qué lo hacen? ¿Por sexo? ¿Por una televisión? ¿Por un automóvil a pagos fijos? ¿Por los niños? ¿Niños que harán justo las mismas cosas?
Desde siempre, cuando era bastante joven e iba de trabajo en trabajo, era suficientemente ingenuo para a veces decirle a mis compañeros: “¡Eh! El jefe podría venir en cualquier momento y echarnos, así como así, ¿no se dan cuenta?”.
Ellos lo único que hacían era mirarme. Les estaba ofreciendo algo que ellos no querían hacer entrar a su mente.
Ahora, en la industria, hay muchísimos despidos (acerías muertas, cambios técnicos y otras circunstancias en el lugar de trabajo). Los despidos son por cientos de miles y sus rostros son de sorpresa:
“Estuve aquí 35 años…”.
“No es justo…”.
“No sé qué hacer…”.
A los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y regresen a trabajar. Yo podía verlo. ¿Por qué ellos no? Me di cuenta de que la banca del parque era igual de buena, que ser cantinero era igual de bueno. ¿Por qué no estar primero aquí antes de que me pusiera allá? ¿Por qué esperar?
Escribí con asco en contra de todo ello. Fue un alivio sacar de mi sistema toda esa mierda. Y ahora estoy aquí: un “escritor profesional”. Pasados los primeros 50 años, he descubierto que hay otros ascos más allá del sistema.
Recuerdo que una vez, trabajando como empacador en una compañía de artículos de iluminación, uno de mis compañeros dijo de pronto: “¡Nunca seré libre!”.
Uno de los jefes caminaba por ahí (su nombre era Morrie) y soltó una carcajada deliciosa, disfrutando el hecho de que ese sujeto estuviera atrapado de por vida.
Así que la suerte de, finalmente, haber salido de esos lugares, sin importar cuánto tiempo tomó, me ha dado una especie de felicidad, la felicidad alegre del milagro. Escribo ahora con una mente vieja y con un cuerpo viejo, mucho tiempo después del que la mayoría creería en continuar con esto, pero dado que empecé tan tarde, me debo a mí mismo ser persistente, y cuando las palabras comiencen a fallar y tenga que recibir ayuda para subir las escaleras y no pueda distinguir un azulejo de una grapa, todavía sentiré que algo dentro de mí recordará (sin importar qué tan lejos me haya ido) cómo llegué en medio del asesinato y la confusión y la pena hacia, al menos, una muerte generosa.
No haber desperdiciado por completo la vida parece ser un logro, al menos para mí.
Tu muchacho,
En una secuencia de la película "Los caballeros de la mesa cuadrado y sus locos seguidores" (1975), del grupo Monty Phyton, un grupo de campesinos pretenden quemar a una bruja. El caballero, que no parece cuestionar la existencia de las brujas, les pide pruebas de su acusación. Los campesinos señalan pruebas "manipuladas" (la ropa y la nariz con la que la han vestido) que supuestamente le acusan. Y cuando el caballero propone formas de demostrar la condición de "bruja", estas demostraciones se realizan cambiando las condiciones iniciales cuando éstas parecen contradecir las conclusiones que se están buscando desde el principio (quemar a la bruja). El argumento se enreda de tal forma que se pasa del hecho de que al asociar a la bruja con su muerte en la hoguera, al señalar que entonces deben estar hechas de madera, que la madera flota en el agua, como los gansos, por lo que si pesa lo mismo que un ganso, entonces está hecha de madera, por lo que es una bruja. Se aplica así la propiedad transitiva a supuestas identificaciones o igualdades entre la bruja, el fuego, la madera y su flotabilidad, que no son correctas. Y para confirmar el argumento se utiliza un instrumento de medida, la balanza, que está trucado (cuando al final no hay nadie en la balanza, un brazo está mucho
más levantado que otro).
- ¡¡Tenemos una bruja!!
¡¡tenemos una bruja!!
- gritan continuamente los
campesinos
-Hemos encontrado una bruja. ¿Podemos quemarla?
- ¿Cómo sabéis que es una bruja? -preguntan
al personaje que parece ser un caballero feudal y que suelta una paloma con un coco
atado a la pata.
- ¡Parece una bruja! ¡Porque
se le nota! ¿No lo veis?
- Mostrádmela.
- No soy una bruja. No soy una bruja
-dice la mujer acusada.
- Es verdad: estás vestida
de bruja.
- Ellos me vistieron así. Y
ésta no es mi nariz. Es postiza.
- ¿Y bien?
- Bueno, le pusimos la
nariz. Y el sombrero. Pero es una bruja.
- ¿La habéis vestido
vosotros así?
- No. Sí. Un poco. Pero
tiene una verruga.
- ¿Y porqué creéis que es
una bruja?
- Porque a mí me
convirtió en grillo!
- dice un hombre normal, mientras todo el mundo lo mira-
¡Y mejoré!
- Hay que quemarla
-gritan todos.
- Hay diversas formas de
saber si es una bruja... decidme ¿qué se hace con las brujas...?
- Quemarlas.
-
¿Y qué otra cosa se quema
aparte de las brujas?
-
¡Mas brujas!
- ¿Por qué arden las brujas?
- Porque están hechas de
madera.
- Exacto. ¿Y cómo se puede
saber si ésta está hecha de madera?
- Haciendo un puente con
ella.
- ¿Pero no se pueden hacer
los puentes también de piedra? -todos quedan pensativos.
- Y la madera, ¿se hunde en
el agua?
-
No, flota. ¡¡¡tirémosla al
pantano!!!
-
¿Y qué más cosas flotan en el agua?
- El pan, las manzanas,
piedras pequeñas,
un cuchillo, la salsa verde, un grillo, ...
- ¡No!, ¡no!, ¡no!
- ¡Un ganso!
-asevera un
nuevo personaje que entra en escena.
- Exacto. Así que si pesa lo
mismo que un ganso... está hecha de madera... y por lo tanto ... ¡es una
bruja!
- Bien, usaremos mi balanza.
-
¡A la balanza!
Una
vez colocada en la balanza se ve que pesan lo mismo. Así que es llevada a
la hoguera.
A mediados del siglo pasado, la metafísica pareció salir del descrédito
en el que había caído a mitad del siglo XIX, desplazada por el estado
"positivo" de la ciencia. Así, desde corrientes como el existencialismo,
en los años 50, se revitalizaría la metafísica aunque con nuevas
cuestiones, provocadas por la reflexión tras los trágicos
acontecimientos de las primeras décadas del siglo XX (dos guerras
mundiales) y el papel de la ciencia y la tecnología en la sociedad.
Junto a cuestiones como la libertad o la justicia, muchos europeos se
replanteaban, tras los horrores de la guerra y la crisis religiosa, el
problema del sentido de la vida.
El grupo inglés Monty Python dedicó a este tema, con mucho humor, una
película titulada precisamente "El sentido de la vida" (1983). Os dejo unas
secuencias.
En otra película del grupo Monty Python, titulada "La vida de Brian", también aparece una divertida secuencia donde nos enseña que hasta en los peores momentos hay que mirar siempre al lado alegre de la vida.
Ya en un tono más académico, el año pasado se reeditó el libro "El sentido de la vida" del filósofo Gustavo Bueno. Si quieres ver la mesa redonda, organizada por el programa Teatro Crítico, donde se debatió sobre la actualidad de este libro y su temática, puedes ver el siguiente vídeo: