"Materiales de Filosofía" es un blog para la consulta o el debate. Destinado en principio al alumnado de 1ª de Bachillerato, aunque abierto a cualquier interesado en la temática filosófica. Este blog no tiene fin lucrativo, sino educativo. Ninguna sección incluye publicidad ni posee carácter comercial. En los materiales que no sean de elaboración propia aparecerá citada la fuente de procedencia. Los materiales propios pueden utilizarse libremente citando su procedencia.
Entrevista a Marina Garcés en el programa "Para todos La2" sobre la tarea de la filosofía y nuestra responsabilidad como ciudadanos frente a la actual crisis social y política. En una entrevista, definía la filosofía como "el arte de interrogar y desplazar los límites, como rebelión contra la impotencia".
En su libroFuera de clase (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2016), Garcés señalaba que la filosofía debía tener la capacidad de "trazar los caminos de lo impensado. Dibujar caminos allí donde no los hay. Desplegar dimensiones de la realidad donde ésta aparece plana y unidimensional..., establecer relaciones entre mundos incomunicados". Considera a la filosofía como "una práctica de guerrilla", pues no tiene un frente de batalla fijo, "sino que luchando crea su propio campo de batalla, la filosofía no tiene un territorio acotado, sino que pensando crea su propia cartografía". Como las guerrillas, "la filosofía avanza liberando las palabras de todo lo que captura su uso y su sentido", lo que las hace "decir y expresar la vida que las mueve", tocar la realidad. Se trata de llevarnos al límite de un problema o una idea, es decir, "hasta allí donde se abre lo que me inquieta y no sé muy bien cómo pensar".
"La filosofía es para mí un árbol que sigue teniendo las raíces y las hojas fuera de clase. Hay un tronco, visible, hecho de disciplinas académicas, obras y referencias que hace falta conocer y en las que hay que profundizar si se quiere tener determinadas herramientas filosóficas y participar en ciertos debates. Pero ¿dónde echan raíces esas preguntas? ¿Y hacia dónde apuntan los problemas que plantean?"
Marina Garcés, Fuera de clase.
En el programa La aventura de aprender, también en La2, podéis encontrar otra entrevista en torno a su libro "Un mundo común".
Bárbara Ehrenreich, nacida en Montana en 1941, es una ensayista y activista social estadounidense. Vive en Nueva York, es madre de dos hijos y ejerce de
abuela y de activista social. Es también una de las ensayistas más
reconocidas de su país: ha escrito 25 libros que analizan temas tan
variados como el feminismo (Por tu propio bien, Ed. Capital Swing), las pésimas condiciones laborales de las clases más pobres de Estados Unidos (Por cuatro duros, RBA) y la antropología de las celebraciones (Una historia de la alegría, Paidós). Ha colaborado también en algunos de los medios más prestigiosos de su país, como The New York Times y Time Magazine.
Ehrenreich obtuvo un doctorado en biología, tras lo cual
comenzó a involucrarse en la política. Pertenece al Partido socialdemócrata de América.
Su libro, Nickel and Dimed (2002), recoge sus experiencias en trabajos poco remunerados, como parte
de un trabajo de investigación sobre las condiciones laborales de las
clases pobres de Estados Unidos. Se tradujo al castellano con el título Por cuatro duros. Cómo (no) apañárselas en Estados Unidos (RBA, 2003)
En el siguiente vídeo (con subtítulos en inglés), Ehrenreich comenta su experiencia como trabajadora pobre en la redacción de su libro "Por cuatro duros":
En una entrevista en La Vanguardia, Ehrenreich comentaba respecto a este libro:
Cuando ocurrieron los atentados del 11-S, usted iba a dar una charla sobre el aumento de la pobreza en su país…
Sí, había escrito Por cuatro duros, basado
en mis experiencias como trabajadora en la base. Descubrí un mundo en
el que la gente gana salarios miserables, trabaja sin seguro médico, sin
beneficios y en empleos físicamente muy exigentes. ¡Descubrí, por
ejemplo, que hay cajeras a las que no se les permite ir al baño durante
su turno y tienen que llevar pañales! Pero son empleos también
mentalmente exigentes: hay trabajos en comercios en los que, aunque no
se da ningún tipo de formación a los empleados, estos tienen que
recordar la ubicación exacta de los centenares de productos que se
venden. Y, cuando la han asimilado, sus managers, no sé por qué
razón, los cambian de sitio sin avisarles. Tras mi experiencia llegué a
la conclusión de que no voy a usar el término “trabajador no
cualificado” nunca más.
¿Estas malas condiciones han empeorado en los últimos años?
Sí, por supuesto, porque los sueldos han bajado.
Parte del crecimiento de la pobreza en nuestro país es debido al paro y a
los sueldos miserables. Dijeron que el 11-S nos unió a todos (¡de nuevo
el pensamiento positivo!), pero las consecuencias de los ataques y de
la guerra con Iraq tuvieron un efecto inmediato en los americanos que
vivían en la línea de la pobreza. Se recortaron programas sociales y se
reducen programas asistenciales. En vez de ayudarlos, nos estamos
convirtiendo en una sociedad que persigue a los pobres.
Contra esa idea actual del pensamiento positivo obligatorio, argumenta Barbara Ehrenreich en su libro "Sonríe o muere". Una de las trampas del pensamiento positivo es que anula el sentimiento de
colectividad. "Si le dices a la gente que
cualquier cosa que le pase es culpa suya y que eviten a cualquiera que
es un perdedor o un quejica, realmente estás previniendo cualquier tipo
de crítica organizada o de resistencia". Aquí os dejo un vídeo animado donde lo comenta:
Un film donde se refleja bien la aplicación de esta mentalidad "positiva" en el mundo empresarial es "Up in the air". Os dejo unas secuencias:
Comentario crítico del film en http://rtve.es/v/674654
Por último, por si queréis saber más sobre si "sonreír o morir" os dejo una conferencia (subtitulada) que Ehrenreich impartió en Zaragoza en 2011.
Si
nos deshiciéramos de todos los limpiadores, basureros, conductoras
de autobuses, cajeros de supermercado y secretarias, por ejemplo, la
sociedad se detendría en seco. En cambio, si al despertar una mañana
descubriéramos que hubiesen desaparecido todos los muy bien pagados
ejecutivos publicitarios, consultores empresariales y directores de
capital riesgo, la sociedad seguiría funcionando como antes; en
muchos casos, probablemente un poco mejor. Conque, para empezar, los
trabajadores necesitan reclamar un sentimiento de orgullo y valor
social (el personal de limpieza de hospital, por ejemplo, que cobra
el salario mínimo, genera diez veces el valor que se le paga).
Hacerlo supondría un gran paso adelante para reivindicar que los
sueldos y las condiciones de los trabajos mal pagados deben mejorarse
a fin de reflejar la importancia que tienen en la vida de todos
nosotros.
Pero
estas mejoras deben ir más allá de los sueldos y condiciones
laborales. Debería evitar la alienación que sienten muchos
trabajadores y trabajadoras (el tedio y aburrimiento que a menudo
acarrea el trabajo rutinario); debería darles control y poder
respecto a la organización y finalidad del trabajo (orientado a
satisfacer las verdaderas necesidades de la gente más que el
beneficio privado). Recuperar el orgullo de pertenencia a la clase
obrera significa la valoración de la experiencia en el trabajo y la
idea de de que la acción colectiva puede ayudar a mejorar nuestras
vidas. Acabar con la demonización de la clase obrera, como una
condición de la que hay que escapar (evitando ciertos trabajos en
lugar de dignificarlos) permitiría terminar con la glorificación de
los ricos como “creadores de riqueza” y “emprendedores”
(basada en la falsa “igualdad de oportunidades” y la supuesta
recompensa del talento y el esfuerzo). Es importante reconocer la
importancia económica y política de los trabajadores y trabajadoras
en la sociedad, en lugar de una colección de individuos o
“emprendedores” compitiendo entre sí por sus propios intereses.
Y ello es posible fomentando un sentimiento de comunidad, pertenencia
y orgullo por el trabajo; evitando enfrentar a los trabajadores entre
sí o con la población inmigrante, pues son las políticas sociales
las que deberían provocar el rechazo social, y no los que demandan
un empleo para vivir dignamente.
Owen
Jones, Chavs. La
demonización de la clase trabajadora (2011)
Jones nació en Sheffield(Inglaterra) en 1984.
Es hijo de un sindicalista y trabajador de la autoridad local y una profesora. Estudió historia antes de convertirse en periodista y escritor. Ha desempeñado labores de investigación y ejerció como sindicalista. Se define como feminista, humanista y republicano.
“Vivimos en una era de reacción y derrota”, se lamenta este activista
cuyo objetivo esencial es “recuperar una voz para la clase obrera,
aquella que hace tres décadas trabajaba en la mina, las fábricas y los
muelles y que hoy lo hace en supermercados, call centers o
cafés” por sueldos de risa. La mayoría pertenecen a su generación y ya
no son un colectivo organizado como antaño (...). Ahí se manifiesta el hijo de un matrimonio de
sindicalistas, con carné del Partido Laborista desde los 15 años, a pesar de la
“traición” que ha supuesto el viraje de este partido hacia la derecha.
¿No cree que muchos jóvenes consideran a los sindicatos una antigualla
de la era pretecnológica? Responde con otra pregunta: “¿Por qué es
anticuado querer que los trabajadores se unan y se apoyen?” (Fuente: El País)
"Owen Jones se dio a conocer al gran público con la publicación de su primer libro Chavs: la demonización de la clase obrera,
en 2011, donde denunciaba el estereotipo negativo al que ha sido
reducida la clase obrera por parte de la élite política y los medios de
comunicación, aparatos ideológicos que han intentado condenar a la clase
trabajadora a costa del mito del mérito individual.«Chav» es un vocablo inglés que hace referencia a personas de clases
humildes y a menudo jóvenes, muy de moda en cuanto a su utilización
cuando Jones escribió su obra. Según precisa en la introducción del libro, el momento en el que fue consciente de esta situación
fue cuando, en una reunión de amigos, escuchó: «Qué lástima que cierre
Woolworth's. ¿Dónde van a comprar todos los chavs sus regalos
navideños?».
Esta frase, emitida en un ambiente progresista de jóvenes de clase
media, fue considerada por el autor como un ejemplo de hasta qué punto
la demonización de la clase trabajadora había penetrado en gran parte de
la sociedad británica desde tiempos del thatcherismo" (Fuente: wikipedia).
Años después de la publicación de este libro, en una entrevista (El diario.es), Owen Jones comentaba:
La demonización es inevitable en todas partes por las desigualdades. Si
lo piensas, la desigualdad es irracional: el poder y la riqueza no
deberían estar en manos de tan poca gente. La desigualdad se racionaliza
y justifica con la idea de que los miembros de las élites merecen estar
donde están porque son más listos y trabajan más, mientras que los que
están por debajo merecen estar ahí porque son estúpidos y vagos. Cuanto
más desigual es la sociedad, más necesitas demonizarla para
justificarlo(...).
La destrucción de la idea de que no existe una clase obrera y que todos
somos clase media es la clave. Esta idea, fomentada por políticos y
periodistas de clase media, pulveriza el debate sobre las desigualdades,
porque si no hay clases sociales, no hay nada que debatir. Se combina
con la noción de que los que quedan fuera de la dominante clase media
son los vagos y maleantes chavs que no quieren
trabajar. Si unimos eso al aumento de pobreza y desigualdad y el cambio
de discurso en el que se culpabiliza al trabajador, ya tenemos el
discurso completo.
Puedes leer en castellano los artículo de este escritor y columnista británico en el periódico digital eldiario.es.
El personaje Vicky Pollard, de la serie británica Little Britain refleja, según Jones, esta imagen despectiva de la clase trabajadora en algunos medios de comunicación:
Vicky Pollard.
En el siguiente vídeo, Jordi Évole entrevista en Salvados al escritor británico Owen Jones,
quien explica cómo se ha desprestigiado a la clase obrera desde los
medios de comunicación.
Necesitamos evitar el
error de analizar la situación que estamos viviendo en términos de una mera
crisis económica –esto es, como un problema que obedece a una situación
temporal, que cambiará, para volver a la normalidad, cuando se superen las
circunstancias actuales-, ya que esto conduce a que aceptemos soluciones que se
nos plantean como provisionales, pero que se corre el riesgo de que conduzcan a
la renuncia de unos derechos sociales que después resultarán irrecuperables. Lo
que se está produciendo no es una crisis más, como las que se suceden
regularmente en el capitalismo, sino una transformación a largo plazo de las
reglas del juego social, que hace ya cuarenta años que dura y que no se ve que
haya de acabar, si no hacemos nada para lograrlo (…). (Una reorganización de
las relaciones sociales en su conjunto en beneficio del poder empresarial y
financiero, eliminando las regulaciones sociales existentes y cualquier tipo de
trabas a su dominio sin límite). No es que no haya signos esperanzadores de resistencia. No cabe duda de que
las ocupaciones de plazas y las manifestaciones de protesta van a volver a
brotar esta primavera, empujadas por la desesperación. (…) Pienso que es
urgente, para dar sentido y coherencia a las protestas, que la izquierda –una
izquierda real que nazca de más allá de la traición de la socialdemocracia de
las terceras vías- elabore nuevas formas de lucha y de mejora, ahora que ya
hemos aprendido que la idea de que el progreso era el motor de la historia es
un engaño y que los avances para el conjunto de los hombres y las mujeres solo
se han conseguido a través de las luchas colectivas. La semana pasada me
pidieron en un diario de Barcelona que opinase acerca de cómo sería dentro de
cinco años este capitalismo con el que nos ha tocado vivir. Y lo que respondí
fue que eso dependía de nosotros: que lo que tengamos dentro de cinco años será
lo que habremos merecido.
Josep Fontana, “Más
allá de la crisis”, Viento Sur, 2012.
Ver más en:
http://vientosur.info/spip.php?article6303
Cuestiones:
1. Contextualiza (datos del autor y la obra) y señala
la idea central del texto.
2. Analiza su temática. Origen y consecuencias de la actual crisis
económica. Neoliberalismo o capitalismo financiero y especulativo. Resistencias
y alternativas. Importancia de las luchas colectivas. Crítica a la idea de
progreso.
3. Valora críticamente sus argumentos.
Para contextualizar mejor este fragmento, puedes ver la Entrevista en La2 al historiador Josep Fontana, con motivo de la publicación de su libro "El futuro es un país extraño" (Pasado & Presente, 2018).
También en http://www.rtve.es/alacarta/videos/pagina-dos/pagina-2-entrevista-josep-fontana/1742929/
"La Ilustración une la idea de Estado a la de un contrato social entre
unos súbditos y un Gobierno que los dirige. Pero a lo largo de los
siglos XIX y XX ocurre que los Estados, para legitimarse, se identifican
con las naciones, y eso comporta la invención de historias nacionales ad hoc,
una aberración que no ha conducido más que a desastres. Por eso es
preciso diferenciar entre la nación, que es un hecho fundamentalmente
cultural y de conciencia, y el Estado, que deberíamos volver a basar en
la idea del compromiso social".
Claude Lévi-Strauss (1908-2009) fue un importante antropólogo francés de la segunda mitad del siglo XX. Vivió en Brasil desde 1935 a 1939, y allí llevó a cabo su primer trabajo de campo etnográfico, dirigiendo exploraciones periódicas en el Mato Grosso y la selva tropical amazónica. Ésta fue la experiencia que cimentó su identidad como profesional de la antropología y que reinterpretó en «Tristes trópicos», un viaje novelado de reflexión, sobre sus expediciones etnográficas en Brasil.
En su libro Pensamiento salvaje, Lévi-Strauss explica, en oposición a quienes
consideraban una diferenciación neta entre el modo de pensar de los
"primitivos" y el de los "civilizados", que el supuesto "pensamiento
primitivo" utiliza las mismas reglas estructurantes que el más moderno
de los pensamientos científicos.
Gracias a él, hoy se tiende a rechazar los enfoques etnocentristas
en la investigación etnológica humana, a favor de los estudios
orientados a comparar las tecnologías de los pueblos antaño considerados "primitivos"
en oposición a Occidente.
Historia de una escalera, obra del dramaturgo Antonio Buero Vallejo,parece representar el fracaso colectivo de la sociedad española
tras la Guerra Civil. Frente a los sueños individualistas de Fernando
por ascender socialmente se contrapone el fracaso de la apuesta por la
lucha colectiva. Los personajes parecen haberse dejado "vencer por la
vida", repitiendo de forma cíclica, en varias generaciones, la misma
impotencia y frustración. Sólo el amor, torcido al final por otros
intereses, parecía ofrecer una salida, especialmente a las mujeres, a
esa insatisfacción y resignación. En un espacio interior y cerrado, que
parece reflejar el inmovilismo de sus destinos, los personajes se asoman
a la vida de los demás vecinos con cierta amargura.
La censura en el teatro de la España franquista. Los textos teatrales que se pretendieron representardurante la
dictadura franquista debían pasar el filtro
de la Junta de Censura de Obras Teatrales, un organismo que funcionó
hasta 1978 (incluso durante los tres primeros años de la Transición). En muchas ocasiones
la censura supuso "la desaparición de frases, la desvirtuación de diálogos y
situaciones dramáticas, e incluso su prohibición total". También sufrieron la censura las obras de los autores del exilio (Max Aub, José Bergamín, León Felipe o Rafael Alberti),y autores extranjeros de signo claramente izquierdista (Bertolt Brecht, Jean Paul Sartre...). Hasta el 4 de marzo de 1978 no se recuperaría la libertad de expresión en los escenarios españoles (tras cuatro décadas de censura). Ese día entró en vigor el Real Decreto 262/1978. La censura condicionó la escritura dramática durante la dictadura franquista, llegando incluso a convertirse en el tema central, y de denuncia, de algunas obras teatrales, como sucedió con La mordaza, de Alfonso Sastre, en los años 50, o con Matrimonio de un autor teatral con la Junta de Censura, de Jesús Campos, en los 70.
Testimonio de Adolfo Marsillach. Junta de Censura (composición)
Impresos-modelo para la labor del censor teatral. Hasta 1963 estos impresos apenas variaron, y los apartados de que constaban son:
- “Breve exposición del argumento” - “Tesis” (en el que debían comentar el supuesto mensaje de la obra en cuestión) - “Valor puramente literario” y “Valor teatral” - “Matiz político” - “Matiz religioso” - “Juicio general que merece al Censor”. Seguidamente, debían detallar las páginas en las que se realizarían “Tachaduras” y “Correcciones”, además de responder a cuestiones como: “¿Se juzga tolerable o recomendable para menores?”; “¿Qué modificaciones cabría introducir para autorizar, en su caso, la representación, en el supuesto de que la obra acusase deficiencias: de tipo político, social o moral, siempre que su valor literario lo aconseje?”, y “¿En qué lugares de la obra y en qué sentido habrían de introducirse esas modificaciones?”. - “Otras observaciones del Censor”.
- Fecha y la firma del censor.
Sobre la censura de "Historia de una escalera".
Las primeras obras de Antonio Buero Vallejo, que inauguraban la
corriente del realismo social en el teatro de posguerra, pasaron
prácticamente inadvertidas a las tijeras censoras.
Expediente de censura de "Historia de una escalera" (11/10/1949). Historia de una escalera fue autorizada
para mayores de 16 años, con tres cortes (en las páginas 32 del Acto I, 18 del
Acto II y 28 del Acto III) y dos modificaciones (página 18 del Acto II y 28 del
Acto III). Los censores fueron: un
vocal eclesiástico, Fray Mauricio de Begoña; Gumersindo Montes Agudo,
falangista, crítico cinematogŕafico de la revista Juventud y sacerdote; y
Emilio Morales de Acevedo (1888-1959), censor y crítico teatral en El
Alcázar y Marca.
Historia de una escalera fue
considerada como “un bello y sutil sainete para minorías selectas”, y
de ella se dijo que era “expositiva sin mantener tesis alguna”; sin
“fuerza polémica” en su planteamiento político, y “sin tacha” en lo
moral. La obra se autorizó con algunos cortes y modificaciones puntuales
(como la frase “Más vale ser un triste obrero que un señorito inútil”,
en la que se obligó a sustituir “señorito” por “soñador”), y con algún
comentario adverso -se la tildó de “pesimista”-, pues su presentación de
aquella escalera de vecindad se alejaba en gran medida del vacuo
triunfalismo del régimen. Sin embargo, como es sabido, la obra se
estrenó en el Teatro Español (1949), entonces de titularidad estatal. El crítico teatral y censor
Emilio Morales de Acevedo calificó su valor literario de “muy estimable”
y añadió: “Es prodigio de observación y de verdad que lleva al autor a
no querer prescindir de adjetivos vulgares para dar fuerza y color a la
obra”. También Gumersindo Montes Agudo encontró cualidades estimables en
la pieza: “valentía en el enfoque escénico, sinceridad en el perfil de
los personajes, nobleza de tema, pulcritud en el trazado moral, intento
de rasgar ciertos patrones escénicos, perfecta ambientación”. De esta
forma el texto superó la censura y se estrenó en el Español en 1949. Buero Vallejo situó los dos primeros actos de su obra en 1919 y 1929, y el tercero en 1949, eludiendo tratar el conflictivo año de 1939, y en consecuencia, la guerra civil, tematabú por excelencia.
Debate sobre la censura: posibilistas contra intransigentes.
En 1960, Alfonso Sastre y Antonio Buero Vallejo mantuvieron una polémica pública sobre el posibilismo teatral, en la que defendieron distintas opciones teóricas en tomo a la actitud que debían adoptar los creadores ante la censura de la dictadura. Sastre invitaba a los autores a escribir como si la censura no existiera, puesto que la arbitrariedad con que esta actuaba impedía saber de antemano qué obras eran imposibles. En su respuesta, Buero Vallejo matizaba su idea del posibilismo: "Cuando yo critico el imposibilismo y recomiendo la posibilitación, no predico acomodaciones; propugno la necesidad de un teatro difícil y resuelto a expresarse con la mayor holgura, pero que no sólo debe escribirse, sino estrenarse. Un teatro, pues, "en situación", lo más arriesgado posible, pero no temerario". Además, Buero negaba la posibilidad de escribir con absoluta libertad interior en el contexto histórico en el que a ambos les había tocado vivir y evidenciaba la contradicción entre los postulados teóricos de Sastre y la cautela con que había escrito La mordaza, precisamente para evitar que la censura la prohibiera.
Sastre respondió reconociendo un cierto posibilismo en la escritura de La mordaza, "una obra que intentó ser posible después de tres obras prohibidas", si bien explicaba esta contradicción como momento de una evolución a lo largo de su trayectoria: su radicalización, afirmaría posteriormente, se produjo como respuesta a la violencia que continuamente recibían, él y sus compañeros, por parte del régimen.
Las posturas teóricas de ambos autores se correspondían con trayectorias profesionales muy distintas: Buero Vallejo no solo estrenó casi la totalidad de sus obras escritas durante la dictadura, sino que sus estrenos generalmente se produjeron en mejores condiciones y obtuvieron mayor éxito de público. E n 1975, otro dramaturgo, Femando Arrabal, también polemizó con BueroVallejo por esta cuestión:"Por cierto que la polémica sobre el posibilismo mantenida entre Alfonso Sastre y Buero Vallejo toma todo su valor en estos momentos en que el primero está encerrado en la cárcel de Carabanchel y el segundo, académico de la Real Academia de Madrid, acepta los premios más famosos de la España de Franco". El duro comentario de Arrabal no hacía sino explicitar la opinión de una parte de la oposición antifi-anquista ante el posibilismo bueriano. El propio Alfonso Sastre, muchos años después, afirmaba: "Yo
pienso que la equivocación de Buero Vallejo consistía en que, al
ejercer su trabajo desde el punto de vista posibilista, se adaptó al
sistema. Y adaptándose al sistema, no contribuyó demasiado a romperlo.
[...] Y, por otro lado, la posición mía, más radical, tampoco es un gran
triunfo porque ese radicalismo de mis posiciones me llevó a la
inoperancia, a que mis obras no se estrenaran. Con lo cual tampoco
contribuí grandemente a la libertad".
1º. La urgente necesidad de una regulación de la materia con las
debidas garantías jurídicas, estableciendo claramente el derecho de
recurso.
2º. La necesidad, en cualquier caso, de que los funcionarios
encargados de aplicar dicha regulación posean una personalidad pública,
ya que el anonimato desde el que vienen ejerciendo sus funciones los
censores es motivo de las mayores arbitrariedades.
Tampoco Buero escaparía por completo de la censura, pues se le
prohibió Aventura en lo gris y se le retuvo durante once años La doble historia del doctor Valmy, donde afrontaba el nada cauteloso tema de la tortura a presos políticos.
Análisis de algunos de los párrafos censurados:
Acto I:
Fernando.—[...]
Y vosotros os metéis en el sindicato porque no tenéis arranque para subir solos.
Pero ese camino no es para mí [...].
Pág.
17: Fernando.—[Veremos
entonces quién ha llegado más lejos;] si tú con tu sindicato o yo con mis
proyectos.
Pág.
23: Paca.—[¿Y
quién te mantiene?] ¡Zorra, más que zorra! (Corrección
propuesta: “¡Pingo, más que pingo!”).
Acto III
Pág. 28: Fernando.—Sí, como tú. También tú ibas a llegar muy lejos con el
sindicato y la solidaridad
[...]
Urbano.—¡Sí,
hasta para vosotros; los cobardes que nos habéis fallado! (Corrección propuesta: “¡Sí, hasta para ti!”. Buero, sin embargo, lo
corrigió de forma distinta, pero su corrección fue aprobada).
Fuentes:
Berta Muñoz Cáliz, "Censurado por el franquismo", El Cultural, 30/03/2006.
Berta Muñoz Cáliz, "A vueltas con el posibilismo teatral"
Cuestiones: - ¿En qué consistió la postura posibilista y cuál la "intransigente" en el debate sobre la censura en el teatro de la España franquista? ¿Cuál crees que era la postura más acertada? ¿Qué es más importante, "la comunicación con el público" o la "libertad de creación o expresión"? - ¿Qué ideas se debaten en los fragmentos censurados de la obra?
Bióloga marina y zoóloga de formación, Rachel Carson comenzó a trabajar en 1935 en la Agencia de Pesca de Estados Unidos, encargándose de escribir textos para la radio y la prensa dedicados a promover el conocimiento de la vida marina. Y como se le daba bien escribir, fue frecuentando la publicación de artículos sobre estos temas en revistas, actividad que la llevó a publicar en 1941 su primer libro, Under the sea wind (1941). Diez años después llegó el segundo, The sea around us, que constituyó un gran éxito editorial, manteniéndose 86 semanas en el primer lugar de la lista de los libros más vendidos del New York Times.
Con el éxito literario, en 1952 Carson pudo abandonar su trabajo (era ya redactora jefe del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos) y dedicarse plenamente a la escritura. Gracias a ello, en 1962 llegó la obra por la que siempre será recordada, Silent Spring (Primavera silenciosa). En él, y basándose en estudios propios, junto a otros ajenos de muy diversas disciplinas, se enfrentó a uno de los problemas más graves que produjo la civilización en el siglo XX, problema que continuamos padeciendo: el de la contaminación que sufre la Tierra.
“Por primera vez en la historia del mundo -escribía en el capítulo 3 de su libro, significativamente titulado ‘Elixires de la muerte'- todo ser humano se halla ahora sometido al contacto con sustancias químicas peligrosas, desde su nacimiento hasta su muerte. Se han encontrado en peces en remotos lagos de montaña, en lombrices enterradas en el suelo, en los huevos de pájaros, y en el propio hombre, ya que estos productos químicos están ahora almacenados en los cuerpos de la vasta mayoría de los seres humanos. Aparecen en la leche materna y probablemente en los tejidos del niño que todavía no ha nacido”.
Aunque también se ocupaba de otros pesticidas, el centro de sus ataques fue el DDT (dicloro-difenil-tricloroetano), un producto que durante mucho tiempo, desde que el químico suizo Paul Hermann Müller lo sintetizase en 1936 (recibió el Premio Nobel de Medicina de 1948 por ello), se había utilizado con éxito para combatir a los insectos transmisores de enfermedades como el tifus, la malaria o la fiebre amarilla.
El que lo que en un tiempo fue bendición pueda terminar convirtiéndose en maldición, no es sino una de las posibles consecuencias del conocimiento (que siempre es incompleto), un hecho que nos indica que es preciso estar alerta. Y este “estar alerta” no incluye sólo las consecuencias negativas que pueden derivarse de un nuevo descubrimiento, sino que implica asimismo a elementos ajenos a la lógica científica, como bien ilustra el caso de Rachel Carson.
dicloro difenil tricloroetano (ddt)
Conocedora la poderosa industria química estadounidense de las conclusiones a las que había llegado, gracias a unos avances del libro publicados en la revista New Yorker, y reconociendo el peligro que sus denuncias representaban para ellos, el lobby agroquímico intentó impedir su publicación presionando a la editorial, al igual que cuestionando los datos que incluía, la interpretación que se hacía de ellos y las credenciales científicas de la autora. Afortunadamente, no lograron su objetivo y Silent Spring se convirtió en un éxito de ventas (se vendieron medio millón de ejemplares), obligando a que se formase un Comité Asesor al Presidente para la utilización de pesticidas, e inspirando un movimiento mundial de preocupación por la conservación de la naturaleza. En 1969 se prohibió el uso
del DDT en el control de plagas agrícolas y para 1972 se prohibió su
uso al aire libre.
Aun así, y a pesar de que en 1992 un grupo de norteamericanos notables designase Silent Spring como el libro más influyente de los últimos cincuenta años, el empleo de pesticidas no disminuyó, aunque sí el empleo del DDT, actualmente prohibido. Pese a la publicación del libro de Carson, la utilización de pesticidas en la agricultura estadounidense continuó aumentando. En 1988, la Agencia de Protección del Medio Ambiente informaba que las aguas superficiales de 32 estados estaban contaminadas con 74 productos químicos agrícolas diferentes, incluyendo un herbicida, la atrazina, clasificado como cancerígeno potencial. Y es incluso peor: los compatriotas de Carson prohibieron algunos pesticidas en su patria, pero continuaron produciéndolos y exportándolos a otros países.
Un fragmento de este libro lo encontramos en Andrew Dobson (ed.), Pensamiento verde,
Trotta, Madrid, 1999 (Traducción de Óscar Ayala). Se trata de una
recopilación de textos elegidos para ilustrar los diversos principios
que conforman la política verde. Un pensamiento “verde” y no meramente
“conservacionista”, pues trata de las causas de los problemas
medioambientales en nuestras sociedades y de los cambios necesarios para
enfrentarnos a ellos.
A continuación puedes ver un pequeño vídeo sobre esta pionera del ecologismo norteamericano: Fuentes: Fragmentos del artículo de José M. Sánchez Ron, El legado de Rachel Carson, El Cultural, 16/12/2016.
También https://culturacientifica.com/2017/12/04/historias-la-malaria-paul-muller-ddt-rachel-carson/
Desde la aparición de las pruebas PISA, la evaluación y el diagnóstico "para una escuela de calidad" se han convertido en el mantra pedagógico incuestionado y al que se supedita cada vez más la tarea docente y de la Inspección. Incluso se asignan "sellos de calidad" a centros que deben cumplir criterios de discutible validez pedagógica y social. Pero hoy queremos dejaros un fragmento de la exposición del pensador y famoso lingüista norteamericano Noam Chomsky sobre la necesidad de colocar la evaluación en su justo término dentro de la docencia, como criterio de valoración y mejora, no de competencia por la mejor cualificación, como meta final.
Cuestiones:
- ¿Cuál debe ser la función de la evaluación en la escuela, según Chomsky? ¿Qué críticas hace a su uso en la actualidad?
- ¿Cómo puede ayudar la escuela a que el alumnado pueda aprender, descubrir y explorar por sí mismo?
Tales of the Jungle (Cuentos de la Jungla) (BBC) es una serie documental sobre los grandes momentos de la antropología. Uno de los episodios está dedicado a Malinowski y las Islas Trobriand.
Bronislaw Malinowski fue el antropólogo que cambió el modo en el que se
desarrollarían los estudios de campo. Trabajó en un remoto grupo de
islas del Pacífico, las Islas Trobriands, y vivió durante largos
periodos de tiempo entre su pobladores, estudiando y haciendo sus vidas
inteligibles a Occidente.
Cuestiones:
- ¿En qué consiste el trabajo de campo del antropólogo? ¿Cómo rompió con la tradicional "antropología de salón"?
- ¿Dónde realizó Malinowski su trabajo de campo? ¿En qué contexto histórico y social lo realizó? ¿Cuál era la relación entre la sociedad victoriana y el conocimiento de la cultura de los pueblos "salvajes"?
- ¿Qué escala se establecía en esta época, en la evolución humana, respecto a los pueblos considerados "primitivos"?
- ¿Por qué provocó cierto revuelo el descubrimiento de sus diarios?
Harry
F. Wolcott, uno de los principales antropólogos de la educación del mundo y
antiguo miembro de la Society for Applied Anthropology murió a la edad de 83 años el 31 de octubre de
2012. Wolcott se especializó en ciencias en Berkeley y consiguió su Doctorado en antropología educativa en Stanford en 1964 con George y Louise Spindler. Se
unió a la facultad de la Universidad de Oregón en 1964, donde enseñó,
hizo investigación y fue mentor de estudiantes en educación y
antropología a lo largo de su carrera.
Uno
de los temas que atraviesa su trabajo es que la gente común a menudo se
ve atrapada en instituciones que luego configuran su comportamiento. Centrándose
en personas reales en estos lugares de trabajo, Wolcott pone las
estructuras sociales de la escuela y la comunidad bajo una perspectiva particular. Así, por ejemplo, en su artículo "El maestro como enemigo", que analizamos en clase, un
maestro occidental que enseña en una escuela en la sociedad Kwakiutl termina, a pesar de sus buenas intenciones, por aceptar su papel como "el enemigo" para entender el rechazo y la hostilidad de sus alumnos. Una categoría
cultural sorprendente para los pedagogos y la antropología de la educación ("The Teacher as Enemy" en Education and Cultural Process, George Spindler, ed., 1974).
Otra investigación de Wolcott fue el caso de un
hombre agradable que se emplea como director de una escuela y
se encuentra a sí mismo como "El hombre en la oficina del director"
(1973). A pesar de los esfuerzos de
los participantes, las innovaciones se convierten en un sistema de división cuyas fronteras son difícil de cruzar
(Teachers vs. Technocrats, 1977).
Un segundo tema del trabajo de Wolcott fue el trabajo de campo. Disfrutó, contempló y escribió sobre el trabajo de hacer antropología. En
The Art of Fieldwork, explora la etnografía, desde el desarrollo de un
proyecto, el ingreso a un entorno de campo, la entrevista y la toma de
notas, el desarrollo de un análisis sólido, hasta la dificultad de
escribir un artículo, una disertación o un libro. Sus
muchos artículos y libros sobre cómo hacer etnografía dentro y fuera de
las escuelas lo convirtieron en un maestro de los métodos cualitativos.
Wolcott vio el valor de la antropología aplicada a situaciones nuevas. En un
viaje a Zimbabwe en 1973, descubrió cómo podía pasar tiempo en los "jardines de cerveza" de
esa ciudad. Su
ojo profesional captó la importancia de los lugares donde coincidían los negros y los blancos en un país segregado, y así en 1974
publicó The African Beer Gardens of Bulawayo: El consumo integrado en
una sociedad segregada.
Wolcott dio forma a la antropología educativa a través de su trabajo en los
sistemas escolares de EE.UU., pero acumuló experiencias
interculturales en otros lugares. Para una visión general del trabajo del antropólogo Harry F. Wolcott, es interesante leer su propia retrospectiva en el artículo "Etnografía sin remordimientos" (2006).
Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI? Hitler como precursor.
Turner, FCE, Colección Noema, 2002.
"Frente a la tendencia generalizada de interpretar el período del Tercer
Reich como una excepcionalidad histórica, como un tumor crecido en el
corazón de la civilizada sociedad occidental, este ensayo rastrea los
fundamentos "científicos" y "filosóficos" así como el ambiente social en
los que se cimentó el engrudo teórico del nazismo y avisa de su
pervivencia en el seno de la sociedad contemporánea".
La aparición de un nuevo interrogante en la Europa de entreguerras -las condiciones que requiere la continuidad de nuestra especie en un planeta limitado- tuvo como respuesta, en la Alemania nazi, la aplicación de "un programa asesino que ejecutaría un pueblo superior". Un programa que permitiría a esa raza "superior" poder y bienestar a través de una agresión permanente, mediante el sometimiento y diezmo de los pueblos esclavos.
Para Amery sería de "una ingenuidad imperdonable suponer que las próximas décadas y generaciones no pudieran revivir dicho programa".
Las ideas que aparecen en el libro "Mi lucha", de Hitler, estaban ya en el ambiente cultural y científico de la década de los veinte del siglo pasado. Incluso en sectores progresistas abundaba el racismo explícito, la eugenesia y las afanes imperialistas. Los avances en genética y el darwinismo social dieron lugar a un "racismo científico" que con esos argumentos hacía imposible la integración o asimilación voluntaria del diferente (la naturaleza heredada no se podía cambiar).
El propio lenguaje metafórico de Hitler se basaba en lo epidemiológico, en lo clínico, en la denuncia del "bacilo judío", la "infestación racial" o el peligro de la degeneración racial. La naturaleza se interpretaba así como una juez implacable que los defensores de la igualdad intentaban insensatamente violentar salvando a los más débiles y discapacitados.
Amery se plantea si es posible, o probable, "una crisis hitleriana en el siglo XXI: "Se está partiendo (en la actualidad) del supuesto de que la producción deseada de la economía mundial puede ser satisfecha, gracias a los avances científico-técnicos, por un veinte por ciento de la población mundial". El resto (de la población) es custodiado por la actual sociedad de la vigilancia, pero "cabe prever que algún día habrá que deshacerse de él". Lo que debemos desarrollar -propone Amery- es "una nueva solidaridad con la biosfera, el sustrato de la vida, que se apoye en el conocimiento y en la humildad".
Datos biográficos:
Carl Amery, cuyo verdadero nombre es Christian Anton
Mayer, nacido el 9 de abril de 1922 en Munich y fallecido el 24 de mayo de 2005
(a los 83 años) en Munich, fue escritor de ciencia ficción, ensayista político y
activista medioambiental alemán.
Durante la Segunda Guerra Mundial, a la edad de 21
años, fue tomado prisionero por las tropas estadounidenses. Regresó a Munich en
1946, donde reanudó sus estudios de idiomas y literatura alemana. Comenzó a
escribir bajo el seudónimo estadounidense, Chris Mayer, antes de elegir el
seudónimo Carl Amery, siendo Amery el anagrama de Mayer. Basado en sus convicciones religiosas y sus experiencias de guerra, Amery se opuso al rearme alemán en la década de 195o y al estacionamiento de armas nucleares en Alemania.
En 1954 apareció su primera novela. Mientras tanto, se
une a Groupe 47 y confirma su reputación como un satírico con su novela La gran gira alemana, publicada en 1958. En 1967 se unió a los socialdemócratas y trabajó para organizar el apoyo a Willy Brandt en las decisivas elecciones de 1969. De 1967 a 1971, Amery trabajó como director de la Biblioteca Municipal de
Munich, tomando un largo descanso de su trabajo como escritor. Fue en 1974 cuando finalmente recurrió a un tercer género
literario, la ciencia ficción. En gran parte fue influenciado por Gilbert Keith
Chesterton, cuyas novelas de ciencia ficción publicó más tarde en traducción al
alemán. Se retiró del partido socialdemócrata en 1974 y luego ayudó a fundar el Partido Verde, participando en la conferencia de Karlsruhe en 1980. Fue Presidente de la
Unión de Autores Alemanes en 1976 y 1977 y Presidente del PEN Club alemán hasta
1991.
En 2001, Amery explica en una entrevista que, por
razones de salud, ya no puede escribir novelas. El estado de salud de Amery se degrada a causa de un enfisema pulmonar hasta su muerte en 2005.