19 oct 2021

Por un lenguaje y un estilo que no enmascaren la dominación


 "Por un lenguaje y un estilo que no enmascaren la dominación". Este es el título de un artículo del sociólogo y matemático Emmanuel Lizcano, publicado en el ya desaparecido diario Liberación en octubre de 1984. En este artículo, Lizcano señala algunas formas utilizadas en el lenguaje para enmascarar la dominación:

- La parte acaba hablando por el todo, las presencias particulares se borran ante sus representaciones institucionales o culturales, lo singular se enajena en lo universal: "Trabajo estudia la supresión...". "Rabat esta dispuesto a reanudar las negociaciones..."

- Sustantivado de la acción ("visionar", "explosionar"): predominio de los sustantivos sobre lo transitivo (la acción, el verbo), del objeto (abstracto) sobre el adjetivo (concreto). Fijación de realidades abiertas y mudables.

- Hipostasiar las realidades y situaciones concretas en conceptos generales abstractos. Sustituir sujetos concretos por sujetos-abstracciones: "El IPC ha experimentado una subida...", "La industria española ha perdido...".

- Los giros impersonales (se elimina el sujeto, el que habla o de quien se habla): "Se observa un aumento...". "Se procede a...".

- Selección de los objetos en las oraciones pasivas: "Policía asesinado...". "Persona muerta a causa de los disparos de un policía...".

- Nombrar de diferente modo unas mismas acciones según sea el sujeto que las cumpla: ¿"detenido" o "secuestrado"?

- "Capitalismo lingüístico" (conversión de todo en mercancía): "La vida ha subido en lo que va de año...".


Otro interesante artículo es el publicado en el diario La Vanguardia por Luis Muiño (2/1/2015), con el título "La manipulación del lenguaje". Os dejo un amplio extracto:

En su libro "LTI: La lengua del Tercer Reich", el filólogo e historiador Víctor Klemperer analizó la importancia que tuvieron las palabras a la hora de imponer el nazismo en la sociedad alemana. En su texto da numerosos ejemplos que muestran como la elección de determinadas palabras o frases y su continua repetición se convirtió en una de las principales técnicas de manipulación en la época. La LTI (Lingua Tercii Imperii) envenenó las mentes convirtiendo gradualmente ideas que el imaginario colectivo consideraba repulsivas en conceptos aceptables.

Un ejemplo es la connotación positiva que fue ganando la palabra fanatismo. Antes de la llegada de Hitler al poder, el vocablo se usaba peyorativamente. Sin embargo, los nazis consiguieron que el fanatismo acabara resultando positivo usándolo en expresiones que sugieren audacia y compromiso. Se hablaba de “valentía fanática”, de “juramento fanático”, de “amor fanático por el pueblo”…En los últimos momentos, cuando ya la palabra había perdido fuerza, Goebbels (el ministro de Propaganda, diseñador de las técnicas de manipulación nacionalsocialistas) empezó a hablar de “fanatismo feroz” para añadirle potencia al concepto.

(...)En nuestro tiempo, los de arriba llaman “indemnización en diferido” a una nómina que se sigue pagando a un tesorero despedido que amenaza con contar secretos; “tiquet moderador sanitario” a pagar por ir al médico de la sanidad pública; “cese temporal de la convivencia” a un divorcio en la familia real; “desaceleración” a una crisis económica brutal; “medidas excepcionales para incentivar la tributación de rentas no declaradas” a las amnistías fiscales para los ricos; “Ministerio de Defensa” al que se encarga de mandar al ejército a otros países y “devaluación competitiva de los salarios” a las bajadas de sueldo. La elección de las palabras sigue siendo decisiva: los que nombran la realidad controlan cómo entendemos el mundo.

Algunos rasgos del lenguaje manipulador son los siguientes:

1 Esconder los hechos. Se trata de una jerigonza en la que la realidad desaparece. A veces, el efecto se logra usando tecnicismos que hacen desaparecer el acto en sí: los ejércitos y los grupos terroristas, por ejemplo, suelen llamar “bajas colaterales” a los asesinatos de inocentes que cometen. En otras ocasiones se acude a variaciones que llevan las palabras polémicas a lugares donde apenas se perciben. Un ejemplo clásico es la importancia de poner delante lo vendible y detrás lo que queremos ocultar. Lo sabemos desde niños: tenemos más posibilidades de éxito si le preguntamos a nuestros padres “¿Puedo estudiar mientras como chuches?” que si la pregunta es “¿Puedo comer chuches mientras estudio?”. Y sigue funcionando: en el referéndum de 1986 para la permanencia de España en la OTAN el gobierno jugó con la estrategia de “Lo bueno delante” y planteó en principio la siguiente pregunta en el referéndum: “¿Considera de acuerdo con los intereses generales de España la permanencia en la Alianza Atlántica, según la posición del Gobierno arriba indicada?.

2 Convierte todos los temas en viscerales. Aldous Huxley decía que las palabras pueden ser como Rayos X, ya que si se usan apropiadamente lo atraviesan todo. Para lograr este efecto, es necesario que tengan connotaciones emocionales. En uno de los libros clásicos sobre lavado de cerebro (Brainwashing. The science of thought control) la científica Kathleen Taylor nos recuerda que “cuando algo provoca una reacción emocional, el cerebro se moviliza para lidiar con ella, dedicando muy pocos recursos a la reflexión”.

 El lenguaje manipulador está preñado de emociones. Un ejemplo es el abuso de palabras como libertad, independencia, creatividad: los anuncios de ropa juvenil, los medios de comunicación y los libros de autoayuda están poblados de frases que utilizan estos vocablos en cualquier contexto porque son muy efectivos a la hora de activar nuestras emociones y acercarnos a quienes las pronuncian. Aunque parezca paradójico que los que quieren convencernos de algo apelen a nuestra creatividad, libertad o independencia, si estamos sintiendo (y no pensando) nos pueden convencer de ello.


3 Dispone de un metalenguaje propio. Escuchar nuestras palabras nos hace ponernos en marcha… aunque no sepamos para qué. Y eso es lo que busca el manipulador: los adeptos son aquellos que redoblan los esfuerzos aunque hayan olvidado el objetivo. Por eso todos los grupos utilizan un léxico propio que los distingue, una jerga que sólo usan los miembros del grupo y prueba su fidelidad a él.

Además, esas palabras tienen que ayudar a dividir el mundo en exogrupo (los otros, los malos, los de fuera) y endogrupo (nosotros, los buenos, los de dentro). Por ejemplo: todos los subgrupos juveniles tienen palabras que definen a los que no son como ellos. Aprenden a llamar a los demás “pijos, guarros, frikis, perroflautas” o “empollones” ayuda a crear camaradería y sentimiento de pertenencia. No importa que el manipulado no sepa explicar por qué esos nombres van asociados con ciertos conceptos negativos: lo importante es su uso como activador de la conducta del grupo. A partir de esas etiquetas, se rompe la posibilidad de empatía y se consigue convencer a la persona de que los malos son siempre los demás.


4 Carece de contenido. Sólo hay una manera de no ser criticado: hablar sin decir nada. Por eso, el lenguaje manipulador recurre frecuentemente a frases humo, expresiones vacuas que parecen afirmar algo pero en la que ninguno de los receptores entiende lo mismo. Asociaciones de palabras bonitas del tipo “siempre he intentado que mi forma de actuar no sea simplemente vivir día a día. Mis actos se han guiado siempre por valores éticos que son importantes para el ser humano” son ejemplos de frases así, que pueden ser suscritas tranquilamente por asesinos en serie, políticos corruptos o maltratadores. Su ambigüedad permite que el que la escucha crea estar de acuerdo aunque en realidad no comparta nada con el que emite el mensaje.

En esta categoría entran también las expresiones no refutables, que tienen la ventaja de ser irrebatibles. Por ejemplo: “El mundo se encuentra dominado por poderes ocultos” es una frase utilizada, en diferentes versiones, por todos aquellos que buscan manipular. Pase lo que pase es imposible rebatir esa idea conspirativa. Y eso les permite a aquellos que intentan imponer miedo pedirnos que dejemos de hacer cosas aunque no sepamos cuál es la amenaza real. 

 5 No argumenta. La mejor forma de manipular a los demás es utilizar estrategias retóricas que permitan convencer sin dar razones para ello. Hay miles de trucos oratorios o escritos destinados a ese fin. Un ejemplo es la ironía. Repetir lo que ha dicho otra persona mientras se esboza una sonrisa sarcástica permite quitarle puntos a ese individuo sin necesidad de argumentar. Por escrito, tiene el mismo efecto el uso de las comillas: “El presidente del “gobierno” afirma que… “cuestiona la capacidad de dirigir del susodicho”, al igual que la afirmación “El escritor que acaba de sacar una novela…” echa por tierra las habilidades literarias del citado. Y todo eso sin exponer una sola razón para establecer un juicio crítico. El lenguaje manipulador evita el razonamiento.

Por eso, en última instancia, cuenta siempre técnicas antiargumento por si falla todo lo anterior. Un ejemplo es el uso de la palabra demagógico: en el discurso maquiavélico se llama así a todo argumento con el que el manipulador no está de acuerdo. Usando únicamente esa palabra (“eso es demagógico”) se intenta desmontar lo que dice el contrario sin entrar ni siquiera a discutirlo. Es la última vuelta de tuerca: el lenguaje que sirve para que los otros no puedan utilizar el lenguaje.


No hay comentarios:

La filosofía: "jugar en serio"

 Platón considera la actividad filosófica como "jugar en serio": tomar en serio cuestiones que generalmente ignoramos (o que consi...